Todo comenzó con nuestra huida de Lakshmipuram

Nos subimos al rickshaw mientras veíamos al profesor de yoga correr hacia nosotras, gritando nuestros nombres. La escena sola estaba a la altura de cualquier película de Bollywood. Yo podía aguantar tener que ducharme todos los días con agua fría a las 7 de la mañana, o vivir en una habitación que huele mal incluso para mí, que no tengo olfato, y ciertamente podía entretenerme con los esporádicos enfrentamientos que se daban en mi cuarto entre arañas y cucarachas gigantes (lo que generalmente terminaba en empate – eran las dos muy fuertes), pero lo que no podía era hacer todo eso en vano. Así que cuando el profesor finlandés que nos había asignado la escuela que me fuera recomendada dejó plantadas a sus dos únicas alumnas en la segunda clase, sentí que algo no andaba bien, que tal vez no era una neurosis mía.

Esa mañana nos hablaron de un buen profesor en Gokulam, y a la tarde ya estábamos instaladas allí. La Rueda de la Fortuna dio otro giro, y las cosas empezaron a mejorar. Aquí en Gokulam, el azar me presentó a una profesora de yoga de larga trayectoria, que enseñaba en Jivamukti, New York. Me contó que comenzó a enseñar en los 90’s, y que regresaba a Mysore cada año para estudiar con su maestro. A pesar de que yo no hice un solo comentario sobre mi experiencia pasada en Lakshmipuram, ella dejó deslizar una clave que me ayudó a entender todo lo vivido.

Al recomendarme un buen lugar de masajes ayurvédicos, me dijo: «Te recomiendo este sitio, pero tené en cuenta que no he regresado desde el año pasado, así que no sé cómo sea hoy»

Había en sus palabras algo así como una aceptación natural del cambio permanente. Ella, que conocía ese lugar desde hacía 25 años, me decía “no sé cómo sea hoy”.

Cuesta de por sí aceptar que todo cambia, y cuesta aún más aceptar que nuestro conocimiento de las personas y del mundo se desactualiza más rápido de lo que imaginamos. Me mostró la importancia de interiorizar esta idea del cambio permanente, de aceptar que nada permanecerá como está, o como lo conocimos.

Ella dejó Gokulam dos días más tarde, y no tuve oportunidad de despedirme.

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Publicado por

Marian

El 15 de Septiembre de 2014 soplé el mandala de mi vida y me fui a vivir a la India. Dejaba atrás mi familia, mis amigos, un hogar confortable y una carrera en ascenso. Pero soñaba despierta con profundizar mi experiencia y conocimiento del yoga en el lugar que lo vio nacer, así que reduje mi vida a 15 kilos de equipaje y partí. Durante casi medio año viajé sola por India y Nepal, formándome en yoga y meditación vipassana. Regresé a Argentina en Febrero de 2015 para dedicarme de lleno a la enseñanza del Yoga; actividad que ejerzo con devoción desde entonces. – Hari Om Tat Sat

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