La gastroenteritis y el autoconocimiento

Una tarde, la madre de Geetha me dijo, sin ningún tono de alarma, que ella siempre dejaba la comida afuera de la heladera porque sino “perdía el sabor”. Yo, que venía con una diarrea galopante desde hacía 1 semana, pensé furiosa: «Pero, señora… me quiere matar y que parezca un accidente? ¿Cómo se puede ser tan ignorante de poner el sabor por delante de la salud?»

Dos días más tarde, me encontré poniéndole demasiada sal al arroz blanco hervido, porque no tenía gusto a nada. Mi consciencia me susurró al oído: «¿No era de ignorantes hacer prevalecer el sabor sobre la salud?». Como si fuera a propósito, la madre de Geetha vio la cantidad de sal que le había puesto al arroz, y lanzó una expresión de desaprobación, mientras cortaba el undécimo ají verde para la cena. La situación era cuanto menos irónica, pero esta vez, en lugar de enojarme me quedé pensando. Se me ocurrió que tal vez no era del todo inútil ver la paja en el ojo ajeno. Tal vez era un camino inconsciente hacia al autoconocimiento. Al ver la paja en el ojo ajeno, adquirimos un registro sobre un comportamiento incorrecto, y esa vara que usamos irreflexivamente para medir al otro termina, tarde o temprano, midiéndonos a nosotros mismos.

Mientras comía mi arroz salado bajo la mirada desaprobatoria de la anciana, recordé a ese compañero de yoga iraní que practicaba justo adelante mío. Qué fastidioso, siempre estaba desconcentrado durante la práctica. Si se acomodaba la ropa, se le desarreglaba el pelo. Todos los días le picaba algo. Como el profesor nos había indicado que mantuviéramos el mismo lugar que elegimos al inicio del curso, para la tercera semana me conocía todos sus movimientos. Entonces entendí, y recogí la indirecta. A partir de ese momento, comencé a buscar en mí todo lo que había visto en él. Y descubrí que un día me arreglaba la ropa, y otro día me rascaba la pierna. Me amigué con el iraní.

Así que toda mi gastroenteritis me sirvió para arribar a esta conclusión, pienso.

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Publicado por

Marian

El 15 de Septiembre de 2014 soplé el mandala de mi vida y me fui a vivir a la India. Dejaba atrás mi familia, mis amigos, un hogar confortable y una carrera en ascenso. Pero soñaba despierta con profundizar mi experiencia y conocimiento del yoga en el lugar que lo vio nacer, así que reduje mi vida a 15 kilos de equipaje y partí. Durante casi medio año viajé sola por India y Nepal, formándome en yoga y meditación vipassana. Regresé a Argentina en Febrero de 2015 para dedicarme de lleno a la enseñanza del Yoga; actividad que ejerzo con devoción desde entonces. – Hari Om Tat Sat

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