3 Historias. Parte 3

La historia que sigue ocurrió en Buenos Aires. Ocurrió en estado onírico, y soy de los que creen que a veces, dormidos, estamos más despiertos. Con el paso del tiempo, aprendí lo que correrse del propio lugar significa. También aprendí, por mi propia experiencia y por la experiencia de los amigos, acerca del poder instructivo del dolor y la adversidad.

El secreto de la simplicidad se me escapa, pero si un día lo descubro, créanme que no será para guardármelo.

Detrás de la cortina.

La madrugada del 1ero de enero tuve un sueño. Una figura humana descendía por un agujero abierto por el hombre en la tierra. Este personaje se sumergía en las profundidades del mundo en busca de una criatura. Malvada, según decían. Y cuando logro vislumbrar el rostro de la figura humana que se interna en la oscuridad, descubro que su rostro es el mío.

Decían también que la única forma de encontrar a esta criatura, era que te encontrara ella a vos. Y me encontró, efectivamente, pero no de la forma en que yo imaginaba. Más oscuro se volvía el descenso, y más cerca la sentía. Mi corazón empezó a latir cada vez más rápido y de repente desperté. Al abrir los ojos en medio de la noche, la vi. Envuelta, me miraba detrás de la cortina. Delgada y alta, el viento me permitía ver su forma antropomórfica pero no su rostro, que permanecía velado. Al principio tuve miedo. Yo yacía en mi cama vestida tal como me había acostado la noche anterior, mientras me llegaba su voz, de detrás la cortina.

– Decime qué se ve por la ventana.

Acostada como estaba, no alcanzaba más que a ver el ángulo superior derecho. Me quedé unos instantes eternos sin saber qué responder. Finalmente, decido levantarme y asomarme, pero el vidrio se había vuelto esmerilado. Tenía que responder algo, y hacerlo bien. Si respondía mal, me generaría dolor. Pero seguía sin poder ver nada, y tenía que responder. Arriesgué lo primero que se me vino a la mente. Mi respuesta no pareció complacerla, porque escuché su alarido adentro de mi cabeza. Volvió a hablar:

– Sólo voy a preguntar dos veces más. ¿Qué se ve por la ventana?

Entonces, tuve como un insight. Me di cuenta que tenía que responder lo que se veía desde su lugar, no desde el mío. Y entendí lo que quería mostrarme en verdad. Desde mi perspectiva se veía una realidad, y desde la suya se veía una realidad diferente. Toda perspectiva es parcial, como la mirada del hombre.

Sin mover los labios, la criatura me dijo: “Para relacionarte adecuadamente con los hombres, tenés que descubrir cómo se ve la realidad desde el lugar del otro. Cada ser humano percibe un ángulo diferente, y al mismo tiempo cree que todos están parados en el lugar de él. Para poder en verdad entender a cada hombre sin juzgarlo, tenés que poder comprender “su” realidad; tenés que poder ver cómo ve él.”

La cortina se corrió de pronto, revelándome su rostro desfigurado de fealdad. Sus ojos amarillos me miraban fijo, pero ya no sentía miedo. Al conectarme con ella, percibí también que no había malicia en su mente. Ella estaba dispuesta a hacerme daño, esto era indudable, pero sólo si no aprendía. Ella guardaba dentro suyo mucho conocimiento; un conocimiento antiguo sobre el hombre y el mundo. No pretendía lastimarme por maldad sino tan sólo para instilar en mí una comprensión que no podía transmitirse de otra forma. Este era su secreto.

Finalmente respondí, no lo que veía yo, sino lo que veían sus ojos. Me miró sin decir nada, pero noté que había júbilo en su interior. Sabía que había encontrado la manera de conectarme con ella. Sabía que había entendido. Para estar segura formuló la última pregunta, que respondí correctamente, una vez más.

Y sin dejar de probarme, me enseñó lo último.

– Necesito que hagas algo por mí. Necesito que hables con *** y le digas que debe *** – dándome varias instrucciones más sobre cómo proceder.

– Entiendo. Así lo haré –dije serena.

Entonces me permitió levantarme e irme. Pero cuando estaba por atravesar el umbral de la habitación, me llamó por mi nombre y me dijo:

– ¿Qué acabo de pedirte?

En mi mente, repasé como un rayo todas y cada una de las instrucciones que acababa de oír sin olvidar ninguna. Pero en lugar de repetirlas una por una, se me ocurrió decir:

– Me pediste un favor.

Se sonrió y finalmente dijo: «Manténte simple».

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Publicado por

Marian

El 15 de Septiembre de 2014 soplé el mandala de mi vida y me fui a vivir a la India. Dejaba atrás mi familia, mis amigos, un hogar confortable y una carrera en ascenso. Pero soñaba despierta con profundizar mi experiencia y conocimiento del yoga en el lugar que lo vio nacer, así que reduje mi vida a 15 kilos de equipaje y partí. Durante casi medio año viajé sola por India y Nepal, formándome en yoga y meditación vipassana. Regresé a Argentina en Febrero de 2015 para dedicarme de lleno a la enseñanza del Yoga; actividad que ejerzo con devoción desde entonces. – Hari Om Tat Sat

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