El Arte del “No” Encantador

Mark es un inglés ingenioso. Lo que se dice un tipo brillante. No me lo dijo y no fue necesario, pero el tipo estaba de vuelta de todo. Y como buen inglés, era capaz de recoger al vuelo la menor indirecta, y hablar con la diplomacia del político.

Mark viajaba con una amiga de toda la vida, una francesa cálida, tan cálida y educada que parecía española. Mientras que Catherine decía a todo que sí, Mark en cambio tenía todo un abanico de “No”. Le expliqué a Mark que yo podía decir “no” sutilmente, y podía decir “no” de forma categórica, pero cada vez que alguien me hablaba de manera amorosa pero insistente, tenía serios problemas para decir “no” firmemente, sin caer en extremos de rudeza.

En India, la gente es muy amable, pero puede ser muy insistente. La comida es muy valiosa para ellos, y compartirla es su forma de expresar generosidad. Le conté a Mark que al finalizar el instructorado de yoga, fuimos todos invitados a cenar a la residencia de nuestro maestro. La comida estaba exquisita, pero no terminabas de comer que ya te estaban llenando el plato de nuevo. Le expliqué a Mark que a pesar de haber dicho que no gentilmente, la comida seguía cayendo en mi plato. “¿Cómo tirar la comida en India?? ¿Cómo tirar la comida que me sirve mi maestro??”, pensé. El resultado fue que comí más de lo que podía, y al día siguiente el cuerpo me lo reclamó amargamente.

Y lo peor del caso, es que yo seguía sin poder aprender la lección. No era que yo ignorara la importancia de comer con moderación; no era un problema de gula ni de ignorancia. Mi problema era que cuando el “no” sutil no funcionaba, no podía decir “no” de forma categórica y sin rudeza. Mucho menos podía faltarle el respeto a mi maestro, y menos con algo tan sensible como la comida.

Mark me escuchó atentamente y dijo:

– Si yo salí ileso de esta situación que te voy a contar, vos tenés que poder escapar ilesa de la tuya. Entonces dijo:

«Estábamos en China por trabajo. Había personas de todos los rincones de Europa. Como era de esperar, los chinos nos agasajaron a lo grande, pero claro – según sus estándares. Y cuando llegó la hora de comer… trajeron los pescados. Dijeron que eran pescados; yo pensé que eran fósiles vivientes, porque eran monstruosos. Cuando vi los fósiles puse cara de circunstancia, y esperé a la siguiente tanda. Pero la siguiente tanda era incluso peor, porque ni siquiera estaban muertos. El concepto era comerlos mientras estaban todavía vivos. Me fui corriendo a ver si podía encontrar uno muerto, pero los españoles fueron más rápidos, y se los habían agarrado todos. Entonces junté coraje: y me fui a buscar una bandeja de arroz. Los chinos se tomaron a mal que hubiera rechazado la comida con la que me agasajaban, y me dejaron comiendo solo en la mesa. Entonces me levanté, hice un llamado con mi copa, y dije en voz alta: “No me gusta la comida china. Pero me gusta el pueblo chino. Es mejor que te guste la gente de un país que su comida.” Hubo unos instantes de silencio, seguido de un aplauso aprobador.»

Y continuó diciendo:

– Si el no sutil no funciona, y el no categórico no es apropiado, tenés que recurrir al “no” encantador. Tenés que incrementar al doble la firmeza del no, pero tenés que llevar al triple su dulzura. Envolvé tu “no categórico” en dulzura. Mucha.

Y lo que dijo después, fue como una de esas bofetadas que te espabilan:

Si te hacen daño, no es bondad ni cariño. No importa si viene revestido de generosidad, amor, o bondadosa intención. Esto es algo que vos tenés que aprender a discernir.

Comencé inmediatamente a entrenarme en el arte del “no” encantador, y logré evadirme de comer alimentos de dudosa procedencia de una manera tan, pero tan encantadora, que ni la anciana más veterana se sintió ofendida de ver rechazado el alimento que con tanto cariño me ofrecía.

Con el paso del tiempo, comencé a percibir que este concepto del “no” encantador había calado tan hondo en mí, que me había vuelto más moderada en mis reacciones en general. Pero esta no fue la lección más importante.

Lo más importante que me enseñó, fue que más allá de lo que el otro sienta, incluso si existe en el otro genuino amor y sinceridad: «Si te hacen daño, no es bondad ni cariño». 

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Publicado por

Marian

El 15 de Septiembre de 2014 soplé el mandala de mi vida y me fui a vivir a la India. Dejaba atrás mi familia, mis amigos, un hogar confortable y una carrera en ascenso. Pero soñaba despierta con profundizar mi experiencia y conocimiento del yoga en el lugar que lo vio nacer, así que reduje mi vida a 15 kilos de equipaje y partí. Durante casi medio año viajé sola por India y Nepal, formándome en yoga y meditación vipassana. Regresé a Argentina en Febrero de 2015 para dedicarme de lleno a la enseñanza del Yoga; actividad que ejerzo con devoción desde entonces. – Hari Om Tat Sat

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