De sabios y desiertos | Memories of wise people and deserts

Viajábamos en auto por la ruta nacional 458, camino a la Ciudad Azul de Jodhpur. Íbamos parando en los templos que encontrábamos a los costados del camino, y nos deteníamos a admirar los gaths construidos en oasis artificiales en medio del desierto del Rajasthan. Los niños de las aldeas cercanas salían a recibirnos, descalzos y sonrientes. Un puñado de ellos me abrieron las puertas del templo de la aldea para que yo pudiera inclinar mi frente, una vez más. Entre risas y gritos de festejo –único lenguaje en común que tenía con ellos– un mendigo nos hizo señas para que lo dejásemos dormir tranquilo.

El enjambre de niños y yo nos alejamos riendo por lo bajo, para finalmente despedirnos y seguir viaje. Mi amigo manejaba mientras yo escuchaba kirtan(*) y cantaba con el corazón como si nadie me oyera. En eso, vimos un templo hindú y detuvimos el auto una vez más. Decían que allí vivía un hombre santo. Decían.

La curiosidad fue más fuerte que el cansancio, y decidimos entrar. Como es la costumbre, nos recibieron con comida y sólo cuando hubiéramos terminado nos condujeron a los aposentos del santo. Quienes me acompañaban tocaron sus pies, pero yo llevé respetuosamente mis palmas al pecho, decidida a inclinarme sólo ante una muestra de sabiduría.

Me senté en el suelo. La conversación era amena y casual. Luego de un tiempo que no puedo determinar, hice el ademán de retirarme, y quienes me escoltaban me ofrecieron hacerle una pregunta. Sin vacilación, pregunté al santo:

«¿Qué es el Amor?»

La expresión de su rostro se volvió seria de repente. Me respondió que el Amor no podía explicarse. Que no podía transmitirse con palabras, que tenía que ser experimentado. Hizo una pausa prolongada, y yo asentí sin insistir. Era claro que no diría mucho más. Pero justo cuando creía que la conversación había concluido, me miró a los ojos y me preguntó si amaba a alguien.

Después de horas de entonar cantos devocionales por las rutas del Rajasthan con la imperturbable paciencia de mi amigo como única audiencia, no podía más que responder: «Amo a Dios». Y en ese momento fue una respuesta sentida, salida del corazón.

Entonces todo cambió. El santo esbozó una sonrisa de aprobación, y dijo:

«El Amor es un camino solitario. Amate a vos misma.»

Comprendí instintivamente lo que quiso decirme, pero tuvieron que pasar meses para que pudiera volcar esta experiencia en palabras. En aquel momento tan sólo me levanté, toqué sus pies y salí del recinto. Mi amigo y yo continuamos el viaje en un estado de ensimismamiento que sólo se rompió al llegar a las puertas de la Ciudad Azul.

Una tarde de otoño en Buenos Aires, el sonido del Gong trajo recuerdos de sabios y desiertos; y en el crisol de la experiencia humana comprendí que el Amor es una energía que tiene más que ver con uno que con el otro.

En medio de la ambrosía del amor, comprendí que uno tiene que amar más su propio camino, tiene que continuar enamorado de su propia vida, y mantenerse fiel a sí mismo.

En medio de la ambrosía del amor uno tiene que aprender a mantener su centro si desea permanecer en su propio centro cuando la ambrosía se convierta en hiel; cosa que eventualmente sucederá porque la ambrosía, como todo lo demás, lleva también el sello de la transitoriedad.

______________

(*) canciones devocionales dedicadas a Krishna y otros dioses del hinduismo.

***

We traveled by car along highway 458, on route to the Blue City of Jodhpur.  All afternoon we had been stopping at the temples we found along the roadside when we paused to admire the gaths built on an artificial oasis in the Rajasthan desert.  Children from nearby villages came out to greet us, barefoot and smiling. A handful of them opened the doors of the temple of the village so that I could bow my head once again. Between laughter and shouts of celebration (the only language I had in common with them) a beggar motioned for us move along so he could continue his sleep in peace.

The swarm of children and I moved away laughing softly to ourselves, at last we said our goodbyes and I continued traveling. My friend was driving while I listened to kirtan(*), singing with all my heart as if nobody could hear me.  Before long, we saw a Hindu temple and stopped once again.  They said that there lived a holy man…. They said.

Our curiosity beat out our fatigue and we entered the temple.  As is the custom they greeted us with a meal.   Only when we finished, they led us to the chambers of the saint.  My companions touched his feet as we entered, but I brought my palms clutched to my chest instead.  If I was to bow and touch his feet, I wanted a proof of wisdom first.

I sat on the floor.  The conversation was lively and casual.  After a short time, I made the move to leave, and my escorts asked if I wanted to ask him a question. Without hesitation, I asked the saint:

“What is love?”

The expression on his face suddenly turned serious. He replied that Love could not be explained; it could not be transmitted with words.   Love had to be experienced.  He made a long pause, and I nodded without insisting. It was clear he would not say more. But just when I thought the conversation was over, he looked me in the eyes and asked me if I loved someone.

After hours of singing devotional songs on the roads of Rajasthan in front of the unending patience of my friend as my sole audience, I could only reply “I love God.” It was my most heartfelt response.

Then everything changed. The saint smiled approval, and said:

“Love is a solitary path.  Love yourself.”

I knew instinctively what he wanted to tell me, but it took me months before I could dump transform this experience into words. In the moment I just left the room – touching his feet as I left.  My friend and I continued the journey in a state of reverie that broke only as we reached the gates of the Blue City.

One autumn evening in Buenos Aires, the sounds of the Gong brought back memories of wise people and deserts; and in the crucible of human experience I understood that Love is an energy that has more to do with you than with others.

Amid the ambrosia of love, I realized that you should love more your own path; that you must continue in love with your own life, and stay true to yourself.

Amid the ambrosia of love you must learn to stay in your own center if you want to remain in your center when the ambrosia turns bitter; which will eventually happen because ambrosia, like everything else, is transient.

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(*) Devotional songs dedicated to Krishna and other gods of Hinduism.

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Publicado por

Marian

El 15 de Septiembre de 2014 soplé el mandala de mi vida y me fui a vivir a la India. Dejaba atrás mi familia, mis amigos, un hogar confortable y una carrera en ascenso. Pero soñaba despierta con profundizar mi experiencia y conocimiento del yoga en el lugar que lo vio nacer, así que reduje mi vida a 15 kilos de equipaje y partí. Durante casi medio año viajé sola por India y Nepal, formándome en yoga y meditación vipassana. Regresé a Argentina en Febrero de 2015 para dedicarme de lleno a la enseñanza del Yoga; actividad que ejerzo con devoción desde entonces. – Hari Om Tat Sat

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