Mismas calles, mismas veredas (*)

“Donde no puedas amar, no te demores.” – Frida Khalo

«Mysore, 11 de diciembre de 2014.

Parto en unas horas para las playas del sur, y dejo todo otra vez. A veces, la libertad no es otra cosa más que darse la oportunidad de elegir. Es paradójico, me vine a la India para entender lo que la libertad significa, y descubro que la libertad radica en cómo uno se ve a sí mismo. La esclavitud interior es autoimpuesta, y si uno es capaz de soltar lo que lo ata –ya sean relaciones o decisiones que hoy no elegiríamos– entonces se es libre.

Mientras me despedía de Kumar, le dije que por fin había entendido. Le dije que el día anterior me había despedido de *** y que había tratado por todos los medios de no decir nada que pudiera herirlo. Le conté que parada frente a su puerta repasé todo lo que había vivido con él. Fue espontáneo. Simplemente vi sus sandalias en la entrada, y recordé que mi amor y mi respeto por él habían sido genuinos. Finalmente abrió la puerta y entré en su cuarto tan segura como antes sólo que sin reclamos, y al momento de anunciarle que dejaba Mysore –y que por ende lo dejaba a él– fui capaz de hablar desde el amor.

Kumar me escuchó con atención, sonrío y juntó sus palmas frente al pecho. Le sonreí, y agradecí el haberlo conocido.

***

Me alejo de Mysore y miro por la ventanilla del tren. Es curioso cómo el hecho de sentirse mal, triste o con el corazón roto puede darte la fuerza para hacer lo que de otra forma no te hubieras atrevido. A veces estos golpes te redirigen hacia el camino correcto. Cualquiera diría que la decisión de irme fue errada, y sin embargo me alcanza con mi paz.

El horizonte se llena de palmeras anunciando la entrada en Kerala. Reclino mi cabeza sobre el vidrio y me veo a mí misma paseando por las calles de Buenos Aires. Por las mismas calles que otrora me vieran caminar, sólo que era una persona completamente distinta por dentro.»

___________

(*) Remitirse al capítulo Refugiate en el amor

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Publicado por

Marian

El 15 de Septiembre de 2014 soplé el mandala de mi vida y me fui a vivir a la India. Dejaba atrás mi familia, mis amigos, un hogar confortable y una carrera en ascenso. Pero soñaba despierta con profundizar mi experiencia y conocimiento del yoga en el lugar que lo vio nacer, así que reduje mi vida a 15 kilos de equipaje y partí. Durante casi medio año viajé sola por India y Nepal, formándome en yoga y meditación vipassana. Regresé a Argentina en Febrero de 2015 para dedicarme de lleno a la enseñanza del Yoga; actividad que ejerzo con devoción desde entonces. – Hari Om Tat Sat

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