Días de amor y motocicleta

Mysore, Anokhi Garden Café, 09:00 am

Discutían sobre lunfardo argentino. Levanté la mirada. No podía creer que estuviera escuchando hablar en nuestra jerga ahí mismo, en el epicentro del mundo yogi. Un francés y una neoyorquina discutían en la mesa contigua acerca de la amplia gama de significados que nosotros, los argentinos, le asignábamos a una misma palabra. Los observaba con atención cuando el francés clavó la mirada sobre mí. Bajé entonces la vista, y volví a mi libro. Trataba de leer pero no podía dejar de escucharlos. El francés hablaba muy convencido pero estaba muy equivocado. Y cuando estaba por ganar el debate tuve que intervenir, fue preciso. Oficiando de árbitro, puse fin al debate otorgándole la razón a la neoyorquina y bajándole el pulgar al francés.

Ella se quedó con la razón y él se quedó con mi promesa de aceptarle un café alguna vez; promesa que no tenía la menor intención de cumplir hasta que una mañana me perdí deambulando por las calles de Mysore. Entonces el destino lo puso en mi camino y comenzó todo.

Cada vez que recuerdo aquellos días, recuerdo una libertad plena, y me parece estar abrazando todavía las raíces aéreas del árbol Banyan(*). Y este francés, yogi galán, siempre lograba sonrojarme susurrándome al oído «tu es très belle». 

Fueron días de amor y motocicleta por las rutas de India, que cuando terminaron, dolieron. Y como suele ocurrir en el escenario de la vida, cuando uno cree que las cosas terminan, en realidad está todo por suceder.

Pero sobre esto hablaré más adelante (**).

__________________

(*)El francés me hizo conocer este árbol de cientos de años de antigüedad ubicado en las afueras de Mysore. Su circunferencia es inmensa, y sus raíces aéreas se asemejan a ramas que se hunden en la tierra. Hay allí una energía muy especial.

(**) Remitirse a los capítulos Lecciones no tan obvias y El ashram de Ramakrishna

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Publicado por

Marian

El 15 de Septiembre de 2014 soplé el mandala de mi vida y me fui a vivir a la India. Dejaba atrás mi familia, mis amigos, un hogar confortable y una carrera en ascenso. Pero soñaba despierta con profundizar mi experiencia y conocimiento del yoga en el lugar que lo vio nacer, así que reduje mi vida a 15 kilos de equipaje y partí. Durante casi medio año viajé sola por India y Nepal, formándome en yoga y meditación vipassana. Regresé a Argentina en Febrero de 2015 para dedicarme de lleno a la enseñanza del Yoga; actividad que ejerzo con devoción desde entonces. – Hari Om Tat Sat

2 comentarios sobre “Días de amor y motocicleta”

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