«Páginas» se muda se sitio…

Páginas de un Diario Abierto se muda a Tiloka YOGA.

Este sitio se cerrará en las próximas semanas, y mi diario personal seguirá compartiéndose desde mi nuevo BLOG.

Los invito a conocerlo.

 

 

 

 

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Un bote tiene dos remos

Me preguntó qué música quería escuchar. ¿Tenés kirtan?” – pregunté yo. “A veces quisiera poder decir que no tengo” – me susurró el francés, casi en un suspiro.

A casi dos años de aquella conversación, y después de un giro completo de la rueda del destino, me encuentro coincidiendo con el francés en esta.

En un contexto muy similar, él se levantó y cambió la música. Sacó lo que estaba escuchando y puso kirtan o algo por el estilo. Yo lo miré, y me encontré pensando como el francés.

Durante mis días en India me definía a mí misma con los dos pies en el mismo bote. Por años, mi sensación había sido la de estar haciendo equilibrio entre dos mundos, y anhelaba el momento en que pudiera poner los dos pies en un mismo lugar.

Pero nunca caí en la cuenta de que un bote tiene dos remos.

No se me ocurría que se podía ser completamente mundano y completamente espiritual. No se me ocurría que tal vez podían estar integrados.

No entendía que tanto el mundo como la ermita podían ser una vía de escape para eludir un compromiso o una responsabilidad. Que mientras estás abstraído en tu proceso interno, tus decisiones se postergan y el mundo sigue girando: el mundo no espera.

No podía ver que el loto flota sobre la superficie del agua porque su raíz está bien anclada al seno del río.

Comprender que el mundo podía ser funcional a la espiritualidad y la espiritualidad podía ser funcional al mundo, fue un hallazgo relativamente reciente.

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Salto de fe

Hoy, durante mi práctica, escuché las palabras «take that leap of faith*» (da ese salto de fe) justo antes de saltar, curiosamente.

Y dichas en el momento justo, movieron mi práctica entera hacia el otro extremo del espectro de mis posibilidades.

Entendí en ese mismo instante que la práctica está hecha de las creencias que tenemos sobre nosotros mismos. Está hecha de las cosas que nos decimos, y de las cosas que otros nos dicen y nosotros compramos. Y según entiendo, las posibilidades que tenemos en la vida están atravesadas por estas mismas opiniones y creencias.

Si pensás que no podés, no podés.

Si pensás que podés, podés.

You are what you think – Ashtavakra Gita 1:11

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*Inspiration: Mark Robberds  – https://www.youtube.com/watch?v=xRGXORXGLwE

Agua Fría

El ashram estaba ubicado a los pies de los Himalayas. Me había rehusado a regresar al norte en invierno, pero no obtenía respuesta del retiro de Sri Lanka, y de Nepal me respondieron en el día. Los amigos de Varkala trataron de persuadirme de que me quedara en el sur, de que hacía frío en el norte, etc. Pero yo estaba convencida de que el llamado venía de Nepal, y partí.

Además de usar dos buzos y una campera, iba y venía envuelta en mi frazada. Comía con mi frazada, meditaba con mi frazada. Observaba el atardecer envuelta en mi frazada. Y cuando supe que no había agua caliente en el ashram, decidí que no me bañaría durante los 10 días del  retiro. Lo cierto es que al tercer día salté a la ducha. Fueron las duchas más cortas de mi vida.

Y así transcurrieron los días y la práctica, hasta que llegó la última mañana, la última meditación. Finalizó el voto de silencio, y había una atmósfera de júbilo en todo el lugar. Recuerdo que salí de la stupa y mi mirada se cruzó con los ojos amistosos de otras nepalíes. Después de intercambiar unas palabras con ellas, miré en dirección a las duchas y decidí que me bañaría esa misma mañana. No había necesidad realmente; esa noche regresaría a mi hotel en Katmandú, y podría disfrutar de una ducha caliente.

El agua estaba helada y la mañana ventosa, y debajo de la ducha sólo el cuerpo temblaba. La mente tan sólo atestiguaba que el agua estaba helada y la mañana ventosa. Ni el frío, ni la incomodidad pudieron ese día provocarme una reacción. La mente estaba ecuánime, y me cuesta traducir en palabras lo que fuera uno de los instantes más conscientes de mi vida.

A las mujeres de ayer y hoy

Durante los pasados 10 días estuve anotando mentalmente comentarios escuchados al pasar.

Me encantaría poder decir que esos comentarios vinieron tanto de hombres como de mujeres. Pero no; eran comentarios de mujeres dirigidos a otras mujeres. Y si bien la muestra poblacional no era lo suficientemente grande como para generalizar, me permito agregar que los comentarios que se listan a continuación provinieron, en todos los casos, de mujeres de una generación anterior.

Escuché cosas del estilo:

  • A los 40, la mujer soltera tiene que apuntar a conseguir un hombre de 50, porque los hombres de 40 están buscando mujeres más jóvenes.
  • Si estás soltera es porque tenés estándares muy altos.
  • Fulanita se casó grande… como a los 34 años.
  • Dos amigas se encuentran después de mucho tiempo. La mayor le pregunta a la más joven: “Y… ¿alguna novedad?” [concretamente preguntando si había algún hombre en su vida]
  • Una amiga muy querida por mí, me cuenta que sistemáticamente la miran con espanto al escucharle decir que no tiene deseos de ser madre.

Y mi favorita:

  • Domingo 13:00 hs, me encuentro con mi vecina en el laundry del edificio. Le comento, feliz,  que la noche anterior había asistido al casamiento de mi hermana menor. Me mira amorosamente y me responde a modo de consuelo: “Mi hermana mayor se casó grande, a los 40 años”. La lectura: “No pierdas las esperanzas, todavía podés casarte a los 40 con uno de 50.”

Estemos más atentas y evitemos propagar en la sociedad un modelo cultural que le imponga obligaciones y fecha de vencimiento a la mujer. Dejemos de asumir que las mujeres de hoy queremos lo mismo que las mujeres de ayer. Evitemos darnos consejos del tipo “conformate con lo que queda” o “aguantá lo que no te gusta”. Evitemos dar por sentado que la “novedad” en la vida de una mujer soltera es que dejó de serlo.

Pero sobre todo, evitemos generar en el otro una sensación de carencia, y desmitifiquemos la maternidad como valor universal.

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Si no te lo dijeron todavía, escuchame cuando te digo que ya estás completa; que nadie (sea hombre o mujer) se realiza a sí mismo por medio de otro, ni necesita de otro para darle un propósito a su vida.

Y recordá siempre que el primer amor, es el amor propio.

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Upgrade a primera

Salía de mi retiro en las montañas y después de 10 días completos de respirar el aire de los Himalayas, volvía a la ciudad. Me encontraba ahora rodeada de una multitud de personas en el aeropuerto de Katmandú, donde los parlantes anunciaban – uno tras otro – la demora o cancelación de todos los vuelos con destino a Delhi.

Suspiré.

Si perdía mi vuelo a Delhi, perdía mi conexión a Bangalore. Si perdía mi conexión a Bangalore, perdía mi regreso a Buenos Aires.

Suspiré otra vez.

Tras varias horas de demora, anunciaron mi vuelo y partí rumbo a Delhi. Al llegar, me indicaron que me re-ubicarían en el siguiente vuelo a Bangalore. Tenía 30 minutos para hacer el check in, despachar y correr hasta mi puerta, y tenia adelante mío una fila de pasajeros que como yo, habían perdido su conexión y se amontonaban ahora frente al mostrador en el intento desesperado de obtener un asiento.

Cuando llegó mi turno se me coló una familia entera, y entendí que estaba por perder mi vuelo a Buenos Aires. Fue en ese segundo que separa la calma de la desesperación que decidí que no correría. Que pasara lo que pasara, no correría.

Finalmente me entregaron mi tarjeta de embarque y me dirigí hacia la puerta. Me quedó la fotografía mental de ver hombres y mujeres ganándome la carrera hacia la zona de embarque.

No correría.

Una vez en la puerta, entregué mi boarding pass y sonó una alarma. En un inglés con fuerte acento indio, la azafata me indicó que mi asiento había sido ocupado. No me dio tiempo a reaccionar que me dijo que me otorgaban un upgrade a primera.

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Hay batallas perdidas que cotizan mejor que la victoria, y adversidades en la vida que son como un upgrade a primera.

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Domingo, 6:00 am

Alguien me dijo alguna vez que la vida externa siempre demanda, pero la vida interna no. Que si llegás tarde al trabajo alguien te lo reclama, pero si no te levantás a tiempo para  hacer tu práctica, no pasa nada.

Bueno, nada no. Sólo que la vida interna se apaga en silencio.

Independientemente del camino que elijas, buscá ese espacio. Buscá ese tiempo a solas para conectarte con vos mismo, para tocar tu propio centro, para encontrar esa quietud.

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Kukkutasana