En busca de un corazón de oro

«Cuando enseñes, vas a tener que aprender a diferenciar cuando alguien dice que quiere aprender con el cuerpo, y cuando lo dice con la mente. Vos querés dar todo lo que sabés, pero no se puede. Vas a tener que aprender a dar a cada uno lo que pueda tomar. Si se vierte demasiada agua en un vaso, rebalsa y no le sirve a nadie»

Y detrás de esas palabras, se escondía una gran compasión. Mientras él le decía esto a mi mente, le decía a mi corazón: «No importa si te quieren o te odian, no importa si podés darte cuenta que el otro no siente respeto o gratitud en su corazón por la enseñanza que le estás brindando. Tratá de comprender que existen limitaciones en todas las personas, y tratá de hacer algo por los que vinieron a vos»

Fue entonces cuando me di cuenta que su actitud exterior respondía a la actitud exterior de los alumnos, y su actitud interior variaba en función de la actitud interior que cada uno tenía hacia él. Es decir, a pesar de que él se diera cuenta de lo que albergaba el corazón de cada uno, trataba cada cosa a su nivel.

Por ejemplo, hay en la clase una muchacha que es del tipo pasivo-agresivo. Un día, esta muchacha hizo una observación hostil disfrazada de comentario bien intencionado. El profesor respondió de forma bien intencionada. Durante la práctica de asanas, ella demuestra esforzarse, y él la ayuda y la corrige con la misma dedicación. Pero cuando ella en el reporte de evaluación de mi clase práctica hace la siguiente observación sobre mi desempeño: “Se dieron demasiados detalles e información que resulta irrelevante”, él responde a esto con la frase con la que abrí este capítulo.

Esto fue un verdadero insight para mí. Cuán centrado debe ser uno para tener ese equilibrio interior en la vida que permite responder a cada cosa en su propio nivel.

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Todo comenzó con nuestra huida de Lakshmipuram

Nos subimos al rickshaw mientras veíamos al profesor de yoga correr hacia nosotras, gritando nuestros nombres. La escena sola estaba a la altura de cualquier película de Bollywood. Yo podía aguantar tener que ducharme todos los días con agua fría a las 7 de la mañana, o vivir en una habitación que huele mal incluso para mí, que no tengo olfato, y ciertamente podía entretenerme con los esporádicos enfrentamientos que se daban en mi cuarto entre arañas y cucarachas gigantes (lo que generalmente terminaba en empate – eran las dos muy fuertes), pero lo que no podía era hacer todo eso en vano. Así que cuando el profesor finlandés que nos había asignado la escuela que me fuera recomendada dejó plantadas a sus dos únicas alumnas en la segunda clase, sentí que algo no andaba bien, que tal vez no era una neurosis mía.

Esa mañana nos hablaron de un buen profesor en Gokulam, y a la tarde ya estábamos instaladas allí. La Rueda de la Fortuna dio otro giro, y las cosas empezaron a mejorar. Aquí en Gokulam, el azar me presentó a una profesora de yoga de larga trayectoria, que enseñaba en Jivamukti, New York. Me contó que comenzó a enseñar en los 90’s, y que regresaba a Mysore cada año para estudiar con su maestro. A pesar de que yo no hice un solo comentario sobre mi experiencia pasada en Lakshmipuram, ella dejó deslizar una clave que me ayudó a entender todo lo vivido.

Al recomendarme un buen lugar de masajes ayurvédicos, me dijo: «Te recomiendo este sitio, pero tené en cuenta que no he regresado desde el año pasado, así que no sé cómo sea hoy»

Había en sus palabras algo así como una aceptación natural del cambio permanente. Ella, que conocía ese lugar desde hacía 25 años, me decía “no sé cómo sea hoy”.

Cuesta de por sí aceptar que todo cambia, y cuesta aún más aceptar que nuestro conocimiento de las personas y del mundo se desactualiza más rápido de lo que imaginamos. Me mostró la importancia de interiorizar esta idea del cambio permanente, de aceptar que nada permanecerá como está, o como lo conocimos.

Ella dejó Gokulam dos días más tarde, y no tuve oportunidad de despedirme.

Epígrafe | Epigraph

El 15 de Septiembre partiré con destino a Bangalore, y a partir de ese momento comenzarán a escribirse estas notas. No crean que estas páginas serán objetivas; no querrán serlo, por lo menos. Más bien tómenlas como se toma un caleidoscopio, y gírenlas cuantas veces quieran para encontrar la verdad de cada uno, porque es con ese espíritu que se publican.

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On September 15th I will be leaving for Bangalore. From that moment on notes will be taken down. Do not think that these pages will be objective; they will not try to be so at least. Take them rather as a kaleidoscope, turning it as much as you like until you can find your own truth. For it is with that spirit in mind that these personal notes are being published now.