Refugiate en el amor (*)

“Las personas llegan a tu vida por una razón, por una estación o por toda una vida.

Cuando alguien llega a tu vida por una razón, es generalmente para crear una cuña en tu vida, para hacerte tomar un rumbo enteramente nuevo; un rumbo que de otra forma no hubieras emprendido. Este tipo de vínculo un buen día y sin ninguna causa real o de una forma inconveniente, llega a su fin.  A veces esa persona muere. A veces simplemente se aleja sin escuchar. A veces actúa de una forma que te obliga a hacerle frente. Nos cuesta entender que su trabajo en nuestras vidas, está hecho.

Otras personas llegan a tu vida por una estación, porque llegó el momento de compartir, de crecer y aprender. Te traen paz. Te hacen reír.  Te enseñan algo que jamás se te hubiera ocurrido hacer, y generalmente te traen enormes cantidades de alegría. Y dura sólo una estación.

Otras relaciones duran toda la vida, y te enseñan lecciones de vida. Son vínculos que te ayudan a construir una sólida base emocional. Pero en cualquiera de los tres casos, tu trabajo es aceptar la lección que trae cada una de ellas, amar a pesar de todo y aplicar lo aprendido a todos los vínculos y áreas de tu vida.” (*)

(*) Anónimo. Copiado de la pared de una habitación en Praga.

De las rupturas que me han tocado vivir, hubo una especialmente triste para mí. Había sonado la hora de la despedida, y yo golpeaba a su puerta. Fue accidental que mi atención se posara sobre las sandalias que usaba todos los días. Pero en ese instante, parada frente a su puerta observando las sandalias descuidadamente olvidadas en la entrada, se abrió la puerta del recuerdo y reviví mis más sinceros sentimientos hacia él y hacia nuestra amistad, de la misma forma en la que una canción olvidada trae consigo sentimientos que se creían perdidos.

Inesperadamente imbuida del más sincero amor, dejé de lado el dolor y me prometí a mí misma no albergar jamás críticas ni sentimientos hostiles hacía quien había sido mi amigo, y me despedí de él ese día con la gratitud en los labios.

Por todo ese amor, por los buenos momentos, y por las risas.

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(*) Remitirse al capítulo Mismas calles, mismas veredas

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El sol se asomó en India… | The sun rose in India…

… y se puso lentamente sobre Buenos Aires. «India no es otra cosa que nuestro compromiso de crecer», leía el epílogo de una carta dirigida a una amiga, escrita en el ocaso del año anterior.

A continuación, sigue una selección inédita de párrafos extraídos, tanto de mi diario personal como de comunicaciones con algunos de mis amigos. Una escena de la vida extraída por cada mes de este año que comenzó en India y finaliza en Buenos Aires, para celebrar este compromiso de crecer.

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Enero | A veces, una mirada llena de silenciosa empatía puede decir lo que las palabras más elocuentes no alcanzan a expresar.

Febrero | La bondad no es otra cosa que la manifestación externa de nuestro deseo interno de hacer el bien. Más de una vez puede implicar algún tipo de sacrificio personal, pero si querés ayudar a la persona que tenés sentada al lado no necesitas cruzarte todo el desierto.

Marzo | “… No siempre fui un espíritu libre como decís. Yo me recreé a mí misma libre, que es distinto. Y para ser libre hay que abrazar los miedos. Esto significa que a pesar de tus temores vas a moverte hacia adelante, aunque eso implique tener que temblar a cada paso. Entonces tu vida empezará a parecerse a vos misma.”

Abril | “Ninguna situación, por difícil que sea, es completamente desesperada. Claro que se puede desesperar, y ocurre muchas veces. Pero quien pueda mantenerse luchando probablemente encuentre algo en medio de toda esa adversidad que sea clave para que pueda salir adelante sin morir por dentro en el intento.”

Mayo | “…. Vipassana me enseñó a aceptar las experiencias de la vida como son, no como me gustaría que fueran. Algunas de mis resistencias internas murieron durante aquellos días silenciosos en Katmandú…”

Junio | Sólo los ojos cerrados en Katmandú pudieron ver lo que la razón jamás hubiera arriesgado a imaginar.

Julio | Las palabras tienen más significado cuando se las pronuncia después del silencio.

Agosto | Si el amor no te hace valiente, ¿entonces qué?

Septiembre | Cada pérdida me despertó un poco más.

Octubre | Quien sembrara en mí la confianza en mi propia capacidad de viajar sola por India, dijo en una oportunidad algo que me conmovió. Me hizo reflexionar sobre la importancia de viajar a la India o a cualquier otro país en desarrollo, explicando que la pobreza y las carencias que allí se vivían no eran un problema en sí mismo, tanto como una experiencia que podía despertar la consciencia humana. Que al mismo tiempo, valores humanos como la amistad y el amor se encontraban realzados; y que conocer todo eso del otro podía probar ser la mejor vía para el diálogo y la paz.

Noviembre | “… lo importante es que él aceptó el divorcio; lo demás es cuestión de tiempo. El tiempo es un factor que nunca está en nuestras manos, y lo único que resta es entregarse. Las personas llegan a nuestra vida, cumplen un papel y un buen día se alejan cuando su rol terminó. Lo más inteligente que podemos hacer es no ponerle más energía; no dilatar ese proceso. Tenés que entender que incluso cuando fuiste vos quien decidió terminar la relación, sigue siendo una forma de pérdida para vos. Es por eso que estás triste, C**., porque estás perdiendo a alguien a quién amaste alguna vez. Así que no te preocupes si te sentís sola, si estás comiendo mucho o durmiendo demasiado. Abrazá esta etapa de tu vida porque viene a enseñarte algo a través de la pérdida.”

Diciembre | “Te vas a sentir decepcionada. Por momentos vas a tener que dejar caminos que empezaste a recorrer, y vas a tener que recalcular sobre la marcha. Vas a llorar, vas a reír a carcajadas. Vas a transformarte durante el recorrido. Vas a aprender a mantenerte estable en medio de las fluctuaciones de la suerte. Vas a entender que el camino correcto no es el camino libre de adversidades, sino el camino que se construye a pesar de ellas.”  

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The sun rose in India… |

… and is slowly setting down in Buenos Aires. “India is nothing but the inner compromise we have assumed with ourselves”, reads the closing lines of a letter addressed to a friend of mine, written down during the sunset of the previous year. 

A collection of paragraphs is listed below, excerpts carefully chosen from my personal diary as well as from communications held with some of my friends. One scene of life selected per month to celebrate this inner compromise.

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January | Sometimes, a gaze filled with silent kindness can say what the most eloquent words fail to express. 

February | Kindness is the outer expression of the inner desire to do good to others. Sometimes, self-sacrifice is required, but if you are having dinner and you truly want to help the person sitting right next to you, you don’t need to cross the entire desert. 

March |“… I have not always been a free spirit as you say. I made myself this way. And in order to be free you must embrace your fears. This means that even if you are afraid you will do it, you will move on even if you need to shake at every step. Then your life will start resembling yourself.

April | No situation is entirely hopeless. Of course you can despair, and unfortunately, it does happen most of the time. But he who can keep fighting back may find a clue to overcome adversity without dying on the inside.

May | “… Vipassana taught me to embrace the experiences of life just as they are, not as I would like them to be. Some inner resistances died during those silent days in Kathmandu…”

June | Only with closed eyes you are able to see what the reasoning mind would not even dare to guess.

July | Words have more meaning when uttered after silence.

August  | If love doesn’t make you brave, what then?

September | Every lost woke me up a bit more.

October | He who sowed the seed of confidence in my own capacity to travel alone around India said something to me once that moved me deeply inside. He made me think about the importance of travelling around India or any other developing country, explaining that both poverty and their unfulfilled needs were not a problem in itself as much as they were a potential tool to awaken the human consciousness. That at the same time, human values such as friendship and love were also overexpressed, and that getting to know other people under this light could eventually prove to be the best way to dialogue and peace.

November | “…Listen, the important thing is that he agreed to divorce, the rest it’s a matter of time. Time is a factor that it’s never in our hands and we can do nothing but surrender. People come into our lives, play a role and then they just walk away when their part is done. The smartest thing we can do is not to add more energy to that, don’t make it longer. But you need to understand that even when you decided to break up with him, yet it’s a form of lost. That’s why you feel sad, because you are losing someone you loved. So don’t worry if you are feeling lonely, don’t worry if you are overeating or sleeping too much. Embrace this moment as it is because this time has come to teach you something through lost.”

December | “You will feel disappointed. At times, will have to quit a path you’ve already started walking and recalculate your route. You will cry, you will also laugh out loud. You will change along the road. You will learn to stay stable amidst the fluctuations of fortune. You will understand that the right path is not the one free from adversity, but the one you shall build in spite of it.”

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El ashram de Ramakrishna

Eran cantos que ya conocía. Me senté en el suelo del lado de las mujeres, y el armonio empezó a sonar. Cerré mis ojos, y todo lo que podía escuchar adentro mío era: «Regresé a casa… regresé».

Las lágrimas corrieron por mis mejillas durante toda la hora que duró el kirtan. Era un llanto sereno, lleno de profunda calma. Una mujer se acercó a mí con el prasad(1) y el fuego sagrado. Se suponía que debía llevar mis manos a la luz, pero me mantuve estática. Sólo las lágrimas se movían como si el alma llorara por un éxodo de 31 años. Fue en ese instante en que comprendí lo que la palabra ‘Agape(2) significa.

Por aquellos días todavía pensaba en el francés. Recién nos habíamos separado, y su recuerdo estaba fresco en mi piel(3). Pero allí sentada, el amor hacia él se fundió dentro de una forma distinta de amor; más parecido a una luz que irradia hacia afuera, más parecido a un amor que no duele porque no necesita nada. 

Afuera se escuchaba el eterno ajetreo del mundo, y adentro los sentidos se deleitaban en la silenciosa singularidad de la soledad. Entonces, del silencio surgió la pregunta:

«¿A dónde se va el amor personal, cuando uno involuntariamente lo olvida?»

En ese instante regresé simbólicamente a mi camino. Regresé a misma.

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(1) Prasad es el nombre que se le da al alimento ofrecido simbólicamente a Dios, y que luego se comparte entre los devotos.

(2) Agape es un término que empleaban los filósofos griegos para referirse a un amor de carácter universal e incondicional, diametralmente opuesto al amor personal, que no busca nada para sí mismo y que sólo añora el bien del ser amado.

(3) Referirse al capítulo Días de amor y motocicleta

Cuentos de la India |Una Lágrima en la Mejilla del Tiempo(*)

Los cuentos que se publicarán a lo largo de estas semanas forman parte de una colección de escritos que nacieron durante mi primer viaje a la India y al Reino Unido, en Octubre de 2012. Dichos cuentos se publicaron en un blog que cerré finalmente al crear Páginas de un Diario Abierto en Agosto del año pasado, y por esta razón tal vez algunos de ustedes ya los conozcan.

Según lo siento, este segundo viaje fue hijo del primero, que me mostró el escenario dentro del cuál me sumergiría dos años más tarde. Aquel primer viaje me trajo la respuesta a una pregunta que llevaba en mi vida 12 años sin responderse. Y cuando esa respuesta llegó fue como un llamado, un mandato interior.

Sin respetar la linealidad del tiempo, paso a contarles algunas historias de aquella primera India que conocí.

Una Lágrima en la Mejilla del Tiempo(*)

El emperador Shah Jahan había perdido a su esposa predilecta durante el parto de su decimocuarto hijo. Cuentan que enloqueció al perderla, y quiso construirle un mausoleo que estuviera a la altura de su belleza. Se dice que gastó la fortuna de su imperio para poner una última joya sobre su cabeza, acto que le valió el encierro en el Fuerte de Agra hasta su muerte.

Parada frente al Taj Mahal, no podía dar crédito a la perfección que veía. Le había dicho a mi amigo que sólo quería recorrer los lugares sagrados de la India. Él me dijo que al Taj Mahal había que ir por lo menos una vez en la vida, pero no me convenció. Luego me dijo que no era un lugar sagrado, pero era un monumento erguido al Amor. «Partimos mañana mismo», respondí yo.

Pero Agra no fue importante para mí por el Taj Mahal, sino por aquella conversación.

Después de esa charla nos miramos en silencio y le pedí que me abrazara. El corazón nos latía fuerte, al punto que hablaba por los dos. Se estremeció cuando tocó mi piel. «Estás hecha por las manos de Dios», me dijo. Y entonces fui yo quien se estremeció. El Ganges corría fuerte mientras nosotros bebíamos del néctar que destila el amor.

Él todavía dormía a mi lado cuando abrí los ojos. Apenas vestida me levanté, y me asomé al balcón. Las campanas de los templos levantados a orillas del Ganges me susurraron haber visto toda la escena. Sonaban una tras otra, como dialogando entre ellas. Tal vez estuvieran conversando sobre lo dulce que puede ser el amor cuando dos amantes finalmente se entregan.

Pero no fue fácil. Si bien en el fondo todos sabemos que ninguna relación es para siempre, es distinto cuando uno sabe la fecha exacta de cuándo se termina. Y para mí sería relativamente fácil regresar a mi nueva vida en Buenos Aires, pero ¿y para él? ¿Qué sería de él cuando tuviera que volver a su vieja vida sin mí? Además, yo sabía en carne propia lo que se sentía regresar a un cuarto vacío. Buscándome instintivamente, encontraría sólo aquello que mi memoria hubiera olvidado empacar; aquellas cosas que serían lo suficientemente prescindibles para mí, como para llevarlas conmigo.

Decidí entonces ser responsable y cuidar de sus sentimientos, aunque eso implicara marcharme de la India sin saber cómo serían sus besos, y aunque en mis labios tuvieran que ahogarse las palabras te quiero. Pero a veces la vida baraja cartas que uno no imagina, y en el abrazo que le revelara mis verdaderos sentimientos le mostré los dos caminos que yacían frente a nosotros, y le dejé la decisión a él.

Él optó por el amor, aún sabiendo que acabaría en dolor. Años antes, la vida me había puesto en su misma situación, sólo que no me habían dado la opción de elegir. Y quien sí podía elegir, optó por el camino que le evitaba cualquier sufrimiento.

No sé si aquel viejo amante mío escapó al dolor finalmente; pero lo que es seguro es que el amor se le escurrió, como se escurre el agua entre los dedos. El que vive con miedo a sufrir se condena a sí mismo a una vida en la cuál el sexo es sólo placer, y el amor es una quimera.

El sol de la mañana golpeaba fuerte después de la lluvia, y el ruido del Ganges me mecía nuevamente en un sueño de éxtasis, y amor.

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(*) Rabindranath Tagore, el gran poeta indio que fuera galardonado con el Premio Nobel de Literatura en el año 1913, se refirió al Taj Mahal como “una Lágrima en la Mejilla del Tiempo”, por ser un símbolo del amor y la tristeza inconmensurables de un hombre por una mujer. Es una lágrima derramada que el Tiempo aún no ha podido secar.

Lecciones no tan obvias

El francés se fue(*), y como suele suceder en el escenario de la vida, lo verdaderamente importante fue justamente lo que siguió después.

El dolor genera incomodidad y nos obliga a movernos, a improvisar y a buscar soluciones en donde jamás se nos hubiera ocurrido siquiera mirar. No me fue fácil separarme de él, y busqué refugio en los amigos para aplacar transitoriamente el dolor de la nunca bien ponderada soledad. Pero al mismo tiempo busqué refugio en la sabiduría de distintos terapeutas para comprender la verdadera naturaleza de mi sufrimiento.

Comencé entonces a entender que la espada del dolor había rasgado el velo del inconsciente, y a través de esa apertura pude asomarme a una realidad y a un concepto más honesto de mí misma.

Con el tiempo, pude ver que esta historia fue la respuesta a aquella plegaria silenciosa que elevara en el templo de la diosa Chamundi(**) a las pocas semanas de mi arribo en Mysore. Con mi frente apoyada en la pared posterior del templo, formulé la sincera intención de comprender las raíces inconscientes de mi forma de vincularme afectivamente, y toda esta historia tuvo que ver con eso.

Hoy, casi un año más tarde, aquella plegaria sigue resonando.

Si tuviera que extraer un elixir de toda esta experiencia, esa quintaesencia sería el rol fundamental que juegan tanto la compañía como la soledad en el conocimiento de uno mismo.

Ninguna medicina es agradable, y podemos beberla con ecuanimidad o hacer un berrinche al tragar. Pero esto último es decisión de cada uno.

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(*) Remitirse al capítulo “Días de amor y motocicleta”

(**) Remitirse al capítulo “La Diosa del Cambio”

Días de amor y motocicleta

Mysore, Anokhi Garden Café, 09:00 am

Discutían sobre lunfardo argentino. Levanté la mirada. No podía creer que estuviera escuchando hablar en nuestra jerga ahí mismo, en el epicentro del mundo yogi. Un francés y una neoyorquina discutían en la mesa contigua acerca de la amplia gama de significados que nosotros, los argentinos, le asignábamos a una misma palabra. Los observaba con atención cuando el francés clavó la mirada sobre mí. Bajé entonces la vista, y volví a mi libro. Trataba de leer pero no podía dejar de escucharlos. El francés hablaba muy convencido pero estaba muy equivocado. Y cuando estaba por ganar el debate tuve que intervenir, fue preciso. Oficiando de árbitro, puse fin al debate otorgándole la razón a la neoyorquina y bajándole el pulgar al francés.

Ella se quedó con la razón y él se quedó con mi promesa de aceptarle un café alguna vez; promesa que no tenía la menor intención de cumplir hasta que una mañana me perdí deambulando por las calles de Mysore. Entonces el destino lo puso en mi camino y comenzó todo.

Cada vez que recuerdo aquellos días, recuerdo una libertad plena, y me parece estar abrazando todavía las raíces aéreas del árbol Banyan(*). Y este francés, yogi galán, siempre lograba sonrojarme susurrándome al oído «tu es très belle». 

Fueron días de amor y motocicleta por las rutas de India, que cuando terminaron, dolieron. Y como suele ocurrir en el escenario de la vida, cuando uno cree que las cosas terminan, en realidad está todo por suceder.

Pero sobre esto hablaré más adelante (**).

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(*)El francés me hizo conocer este árbol de cientos de años de antigüedad ubicado en las afueras de Mysore. Su circunferencia es inmensa, y sus raíces aéreas se asemejan a ramas que se hunden en la tierra. Hay allí una energía muy especial.

(**) Remitirse a los capítulos Lecciones no tan obvias y El ashram de Ramakrishna

Mismas calles, mismas veredas (*)

“Donde no puedas amar, no te demores.” – Frida Khalo

«Mysore, 11 de diciembre de 2014.

Parto en unas horas para las playas del sur, y dejo todo otra vez. A veces, la libertad no es otra cosa más que darse la oportunidad de elegir. Es paradójico, me vine a la India para entender lo que la libertad significa, y descubro que la libertad radica en cómo uno se ve a sí mismo. La esclavitud interior es autoimpuesta, y si uno es capaz de soltar lo que lo ata –ya sean relaciones o decisiones que hoy no elegiríamos– entonces se es libre.

Mientras me despedía de Kumar, le dije que por fin había entendido. Le dije que el día anterior me había despedido de *** y que había tratado por todos los medios de no decir nada que pudiera herirlo. Le conté que parada frente a su puerta repasé todo lo que había vivido con él. Fue espontáneo. Simplemente vi sus sandalias en la entrada, y recordé que mi amor y mi respeto por él habían sido genuinos. Finalmente abrió la puerta y entré en su cuarto tan segura como antes sólo que sin reclamos, y al momento de anunciarle que dejaba Mysore –y que por ende lo dejaba a él– fui capaz de hablar desde el amor.

Kumar me escuchó con atención, sonrío y juntó sus palmas frente al pecho. Le sonreí, y agradecí el haberlo conocido.

***

Me alejo de Mysore y miro por la ventanilla del tren. Es curioso cómo el hecho de sentirse mal, triste o con el corazón roto puede darte la fuerza para hacer lo que de otra forma no te hubieras atrevido. A veces estos golpes te redirigen hacia el camino correcto. Cualquiera diría que la decisión de irme fue errada, y sin embargo me alcanza con mi paz.

El horizonte se llena de palmeras anunciando la entrada en Kerala. Reclino mi cabeza sobre el vidrio y me veo a mí misma paseando por las calles de Buenos Aires. Por las mismas calles que otrora me vieran caminar, sólo que era una persona completamente distinta por dentro.»

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(*) Remitirse al capítulo Refugiate en el amor