Agua Fría

El ashram estaba ubicado a los pies de los Himalayas. Me había rehusado a regresar al norte en invierno, pero no obtenía respuesta del retiro de Sri Lanka, y de Nepal me respondieron en el día. Los amigos de Varkala trataron de persuadirme de que me quedara en el sur, de que hacía frío en el norte, etc. Pero yo estaba convencida de que el llamado venía de Nepal, y partí.

Además de usar dos buzos y una campera, iba y venía envuelta en mi frazada. Comía con mi frazada, meditaba con mi frazada. Observaba el atardecer envuelta en mi frazada. Y cuando supe que no había agua caliente en el ashram, decidí que no me bañaría durante los 10 días del  retiro. Lo cierto es que al tercer día salté a la ducha. Fueron las duchas más cortas de mi vida.

Y así transcurrieron los días y la práctica, hasta que llegó la última mañana, la última meditación. Finalizó el voto de silencio, y había una atmósfera de júbilo en todo el lugar. Recuerdo que salí de la stupa y mi mirada se cruzó con los ojos amistosos de otras nepalíes. Después de intercambiar unas palabras con ellas, miré en dirección a las duchas y decidí que me bañaría esa misma mañana. No había necesidad realmente; esa noche regresaría a mi hotel en Katmandú, y podría disfrutar de una ducha caliente.

El agua estaba helada y la mañana ventosa, y debajo de la ducha sólo el cuerpo temblaba. La mente tan sólo atestiguaba que el agua estaba helada y la mañana ventosa. Ni el frío, ni la incomodidad pudieron ese día provocarme una reacción. La mente estaba ecuánime, y me cuesta traducir en palabras lo que fuera uno de los instantes más conscientes de mi vida.

El sol se asomó en India… | The sun rose in India…

… y se puso lentamente sobre Buenos Aires. «India no es otra cosa que nuestro compromiso de crecer», leía el epílogo de una carta dirigida a una amiga, escrita en el ocaso del año anterior.

A continuación, sigue una selección inédita de párrafos extraídos, tanto de mi diario personal como de comunicaciones con algunos de mis amigos. Una escena de la vida extraída por cada mes de este año que comenzó en India y finaliza en Buenos Aires, para celebrar este compromiso de crecer.

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Enero | A veces, una mirada llena de silenciosa empatía puede decir lo que las palabras más elocuentes no alcanzan a expresar.

Febrero | La bondad no es otra cosa que la manifestación externa de nuestro deseo interno de hacer el bien. Más de una vez puede implicar algún tipo de sacrificio personal, pero si querés ayudar a la persona que tenés sentada al lado no necesitas cruzarte todo el desierto.

Marzo | “… No siempre fui un espíritu libre como decís. Yo me recreé a mí misma libre, que es distinto. Y para ser libre hay que abrazar los miedos. Esto significa que a pesar de tus temores vas a moverte hacia adelante, aunque eso implique tener que temblar a cada paso. Entonces tu vida empezará a parecerse a vos misma.”

Abril | “Ninguna situación, por difícil que sea, es completamente desesperada. Claro que se puede desesperar, y ocurre muchas veces. Pero quien pueda mantenerse luchando probablemente encuentre algo en medio de toda esa adversidad que sea clave para que pueda salir adelante sin morir por dentro en el intento.”

Mayo | “…. Vipassana me enseñó a aceptar las experiencias de la vida como son, no como me gustaría que fueran. Algunas de mis resistencias internas murieron durante aquellos días silenciosos en Katmandú…”

Junio | Sólo los ojos cerrados en Katmandú pudieron ver lo que la razón jamás hubiera arriesgado a imaginar.

Julio | Las palabras tienen más significado cuando se las pronuncia después del silencio.

Agosto | Si el amor no te hace valiente, ¿entonces qué?

Septiembre | Cada pérdida me despertó un poco más.

Octubre | Quien sembrara en mí la confianza en mi propia capacidad de viajar sola por India, dijo en una oportunidad algo que me conmovió. Me hizo reflexionar sobre la importancia de viajar a la India o a cualquier otro país en desarrollo, explicando que la pobreza y las carencias que allí se vivían no eran un problema en sí mismo, tanto como una experiencia que podía despertar la consciencia humana. Que al mismo tiempo, valores humanos como la amistad y el amor se encontraban realzados; y que conocer todo eso del otro podía probar ser la mejor vía para el diálogo y la paz.

Noviembre | “… lo importante es que él aceptó el divorcio; lo demás es cuestión de tiempo. El tiempo es un factor que nunca está en nuestras manos, y lo único que resta es entregarse. Las personas llegan a nuestra vida, cumplen un papel y un buen día se alejan cuando su rol terminó. Lo más inteligente que podemos hacer es no ponerle más energía; no dilatar ese proceso. Tenés que entender que incluso cuando fuiste vos quien decidió terminar la relación, sigue siendo una forma de pérdida para vos. Es por eso que estás triste, C**., porque estás perdiendo a alguien a quién amaste alguna vez. Así que no te preocupes si te sentís sola, si estás comiendo mucho o durmiendo demasiado. Abrazá esta etapa de tu vida porque viene a enseñarte algo a través de la pérdida.”

Diciembre | “Te vas a sentir decepcionada. Por momentos vas a tener que dejar caminos que empezaste a recorrer, y vas a tener que recalcular sobre la marcha. Vas a llorar, vas a reír a carcajadas. Vas a transformarte durante el recorrido. Vas a aprender a mantenerte estable en medio de las fluctuaciones de la suerte. Vas a entender que el camino correcto no es el camino libre de adversidades, sino el camino que se construye a pesar de ellas.”  

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The sun rose in India… |

… and is slowly setting down in Buenos Aires. “India is nothing but the inner compromise we have assumed with ourselves”, reads the closing lines of a letter addressed to a friend of mine, written down during the sunset of the previous year. 

A collection of paragraphs is listed below, excerpts carefully chosen from my personal diary as well as from communications held with some of my friends. One scene of life selected per month to celebrate this inner compromise.

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January | Sometimes, a gaze filled with silent kindness can say what the most eloquent words fail to express. 

February | Kindness is the outer expression of the inner desire to do good to others. Sometimes, self-sacrifice is required, but if you are having dinner and you truly want to help the person sitting right next to you, you don’t need to cross the entire desert. 

March |“… I have not always been a free spirit as you say. I made myself this way. And in order to be free you must embrace your fears. This means that even if you are afraid you will do it, you will move on even if you need to shake at every step. Then your life will start resembling yourself.

April | No situation is entirely hopeless. Of course you can despair, and unfortunately, it does happen most of the time. But he who can keep fighting back may find a clue to overcome adversity without dying on the inside.

May | “… Vipassana taught me to embrace the experiences of life just as they are, not as I would like them to be. Some inner resistances died during those silent days in Kathmandu…”

June | Only with closed eyes you are able to see what the reasoning mind would not even dare to guess.

July | Words have more meaning when uttered after silence.

August  | If love doesn’t make you brave, what then?

September | Every lost woke me up a bit more.

October | He who sowed the seed of confidence in my own capacity to travel alone around India said something to me once that moved me deeply inside. He made me think about the importance of travelling around India or any other developing country, explaining that both poverty and their unfulfilled needs were not a problem in itself as much as they were a potential tool to awaken the human consciousness. That at the same time, human values such as friendship and love were also overexpressed, and that getting to know other people under this light could eventually prove to be the best way to dialogue and peace.

November | “…Listen, the important thing is that he agreed to divorce, the rest it’s a matter of time. Time is a factor that it’s never in our hands and we can do nothing but surrender. People come into our lives, play a role and then they just walk away when their part is done. The smartest thing we can do is not to add more energy to that, don’t make it longer. But you need to understand that even when you decided to break up with him, yet it’s a form of lost. That’s why you feel sad, because you are losing someone you loved. So don’t worry if you are feeling lonely, don’t worry if you are overeating or sleeping too much. Embrace this moment as it is because this time has come to teach you something through lost.”

December | “You will feel disappointed. At times, will have to quit a path you’ve already started walking and recalculate your route. You will cry, you will also laugh out loud. You will change along the road. You will learn to stay stable amidst the fluctuations of fortune. You will understand that the right path is not the one free from adversity, but the one you shall build in spite of it.”

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El ashram de Ramakrishna

Eran cantos que ya conocía. Me senté en el suelo del lado de las mujeres, y el armonio empezó a sonar. Cerré mis ojos, y todo lo que podía escuchar adentro mío era: «Regresé a casa… regresé».

Las lágrimas corrieron por mis mejillas durante toda la hora que duró el kirtan. Era un llanto sereno, lleno de profunda calma. Una mujer se acercó a mí con el prasad(1) y el fuego sagrado. Se suponía que debía llevar mis manos a la luz, pero me mantuve estática. Sólo las lágrimas se movían como si el alma llorara por un éxodo de 31 años. Fue en ese instante en que comprendí lo que la palabra ‘Agape(2) significa.

Por aquellos días todavía pensaba en el francés. Recién nos habíamos separado, y su recuerdo estaba fresco en mi piel(3). Pero allí sentada, el amor hacia él se fundió dentro de una forma distinta de amor; más parecido a una luz que irradia hacia afuera, más parecido a un amor que no duele porque no necesita nada. 

Afuera se escuchaba el eterno ajetreo del mundo, y adentro los sentidos se deleitaban en la silenciosa singularidad de la soledad. Entonces, del silencio surgió la pregunta:

«¿A dónde se va el amor personal, cuando uno involuntariamente lo olvida?»

En ese instante regresé simbólicamente a mi camino. Regresé a misma.

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(1) Prasad es el nombre que se le da al alimento ofrecido simbólicamente a Dios, y que luego se comparte entre los devotos.

(2) Agape es un término que empleaban los filósofos griegos para referirse a un amor de carácter universal e incondicional, diametralmente opuesto al amor personal, que no busca nada para sí mismo y que sólo añora el bien del ser amado.

(3) Referirse al capítulo Días de amor y motocicleta

Días de amor y motocicleta

Mysore, Anokhi Garden Café, 09:00 am

Discutían sobre lunfardo argentino. Levanté la mirada. No podía creer que estuviera escuchando hablar en nuestra jerga ahí mismo, en el epicentro del mundo yogi. Un francés y una neoyorquina discutían en la mesa contigua acerca de la amplia gama de significados que nosotros, los argentinos, le asignábamos a una misma palabra. Los observaba con atención cuando el francés clavó la mirada sobre mí. Bajé entonces la vista, y volví a mi libro. Trataba de leer pero no podía dejar de escucharlos. El francés hablaba muy convencido pero estaba muy equivocado. Y cuando estaba por ganar el debate tuve que intervenir, fue preciso. Oficiando de árbitro, puse fin al debate otorgándole la razón a la neoyorquina y bajándole el pulgar al francés.

Ella se quedó con la razón y él se quedó con mi promesa de aceptarle un café alguna vez; promesa que no tenía la menor intención de cumplir hasta que una mañana me perdí deambulando por las calles de Mysore. Entonces el destino lo puso en mi camino y comenzó todo.

Cada vez que recuerdo aquellos días, recuerdo una libertad plena, y me parece estar abrazando todavía las raíces aéreas del árbol Banyan(*). Y este francés, yogi galán, siempre lograba sonrojarme susurrándome al oído «tu es très belle». 

Fueron días de amor y motocicleta por las rutas de India, que cuando terminaron, dolieron. Y como suele ocurrir en el escenario de la vida, cuando uno cree que las cosas terminan, en realidad está todo por suceder.

Pero sobre esto hablaré más adelante (**).

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(*)El francés me hizo conocer este árbol de cientos de años de antigüedad ubicado en las afueras de Mysore. Su circunferencia es inmensa, y sus raíces aéreas se asemejan a ramas que se hunden en la tierra. Hay allí una energía muy especial.

(**) Remitirse a los capítulos Lecciones no tan obvias y El ashram de Ramakrishna

Recuerda quién eres | Remember who you are

«No puede abandonarse el camino que es de uno»  – Varkala, Enero de 2015.

Accidentalmente me escuché a mí misma. Accidentalmente. Esta frase, salida de mis propios labios cuando la paz de los días de Varkala inundaba mi voz, llegó a mis oídos en el momento justo. Me escuché a mí misma y fue fuerte. Fue como si la parte más profunda de mí viniera a recordarme quién era. Y viniera a pedirme que no lo olvide.

El camino que es de uno nunca es externo. No es tu trabajo ni tu profesión. Ni siquiera es tu vocación.

El camino que es de uno es el camino que te devuelve a ese lugar de paz. Es la actitud diaria de inspirar y dejarse inspirar, de confiar y bailar con los cambios que no comprendemos.

Es la actitud diaria de entender y soltar.

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«You cannot quit the path that is right for you»  – Varkala, January 2015.

Incidentally, I heard myself. Really, just by chance. These words, uttered by my own lips when the peace of the days in Varkala filled my voice, came to me at the right moment. I listened to myself and it was transforming. It was as if the deepest part of me came to remind me who I was, and to ask me to not forget it.  

The path that is yours is never out there. It’s neither your job nor your profession. It’s not even your vocation.

Your path is the one that brings you back to that peaceful state. It’s the daily attitude of inspiring and being inspired. It’s the attitude of trusting and embracing even those things that you cannot understand.

It’s an attitude stemming from understanding and letting go.

Historias de amor y desamor (O de cómo sacar un clavo sin usar otro).

Dejé pasar el colectivo. No pude irme. Me miró a los ojos, y ofreció pagarme un taxi. Entonces entendí incluso lo que no quería entender. Quería que me fuera pero no porque no me quisiera a mí, sino porque en ese momento de su vida él no estaba para ocuparse de nada más. Ciertamente, él tenía muchas cosas que resolver primero, y en verdad no estaba emocionalmente disponible. Pero yo sí. Antes de encontrarme con él, me había dicho a mí misma que pasara lo que pasara, no daría ningún consejo. No diría nada por el sencillo hecho de que no tenía derecho a hacerlo. Cada uno maneja su vida como mejor puede. Así que me abstuve de sermonear, me abstuve de decir una palabra.

Aún al lado mío estaba ausente, con la cabeza en otro lado. Me pidió perdón por su ausencia, y le dije que él no podría haber hecho otra cosa más que lo que hizo. Y le dije que si seguíamos juntos se repetiría la historia, porque en verdad él no podía hacer otra cosa más que lo que estaba haciendo. No había mucho más para decirnos, él de cualquier manera no estaba al lado mío. Dejé pasar el colectivo mientras pensaba cómo decirle que en verdad lo quería. Pero me ofreció un taxi antes de que pudiera decir nada.

No estaba emocionalmente disponible, y yo sí.

Como salido de la nada apareció otro colectivo, y entendí cuál era la puerta que tenía que tomar. La decisión era mía, pero igual me costaba. No hubieron besos ni despedidas –simplemente me di la vuelta, y me fui. Me subí al colectivo y no miré atrás. Pensé que lloraría, pensé que sentiría tristeza, pero lo que sucedió fue que al subir al colectivo escuché las palabras: «El Amor, está. Si no está, no es Amor».

Entonces vi con claridad que su autismo significaba exactamente eso. ¿Cómo no lo vi antes?, me pregunté. El corazón me susurró recuerdos de Varkala. Me vi nadando en el mar, rodeada de acantilados y palmeras. No había olas ese día, la mañana estaba clara, y el mar era azul y verde a la vez. Ese día en India, o mejor dicho, la noche anterior, había sacado clavos con mis propias manos; y ahora, al subirme al colectivo lo dejaba atrás a él por haber comprendido que él no podía vincularse emocionalmente con nadie en ese momento de su vida. Y yo sí.

Pero si tenía alguna duda, si pensaba que me estaba equivocando, allí estaba su ofrecimiento del taxi. Me subí al colectivo y pensé que lloraría. No imaginé que la paz de los días de Varkala acudiría a mí con aquella suave amonestación.

Me senté en la última fila y entendí que en ese instante definitivo acababa de dejar atrás no una, sino todas mis historias de amor y desamor –sin usar otro clavo esta vez.

Sentada en el colectivo, sonreía. Mis días en India no habían sido en vano. Llegué a casa y encontré a la gata sentada en una silla. Me acerqué y la saludé con ternura. Me respondió con ternura, y en ese instante escuché, suave como un susurro:

«Ahora que entendiste lo que no es el amor, vas a saber lo que sí es el Amor».

Una respuesta sincera

Parecía estar buscando una respuesta para sí misma. Parecía estar buscando alguien que sintiera empatía por su propia búsqueda, o por los motivos que la llevaron a buscar algo distinto para ella esta vez. Me detuve unos instantes. Nunca me había dado cuenta que la respuesta era demasiado íntima. Que la respuesta verdadera nunca la había compartido con nadie. Pero lo que le dijera iba a condicionar su propia búsqueda, y necesitaba dar una respuesta sincera.

La verdad es que me fui a la India como consecuencia de una larga serie de acontecimientos, algunos de ellos inconexos en apariencia. La respuesta es que dejé todo y me fui porque en mi corazón descubrí que del abanico de posibilidades que me estaban destinadas, ese era el único sendero en afinidad con mi corazón. Pero antes de que yo llegara a recordar y a entender esto, antes de que lograra escuchar y reconocer mi propia verdad interior, tuvieron que romperse muchas cadenas.

Fue un proceso largo que duró años, durante los cuales la mano de la vida me liberó de las ataduras más fuertes, y me dejó las restantes a mí. Las primeras cadenas no se rompieron sin dolor. Hubieron muchas lágrimas, y resistencias internas. Pero los lazos que me tocaron romper a mí – por elección personal podría decirse –se rompieron en un estado de calma y comprensión interior.

Los monjes tibetanos son conocidos por confeccionar complejos mandalas con polvos de colores. La tarea puede demorar semanas, y ni bien finalizan soplan el mandala y lo destruyen ellos mismos, como símbolo del cambio a que está sujeto todo.

Las crisis son la antesala del cambio, que de tanto en tanto soplan el mandala de la vida con vientos de renovación. Parafraseando a una antigua bendición celta:

“Sal al encuentro de tu camino, y cuando el viento sople, ponte de espaldas”