Upgrade a primera

Salía de mi retiro en las montañas y después de 10 días completos de respirar el aire de los Himalayas, volvía a la ciudad. Me encontraba ahora rodeada de una multitud de personas en el aeropuerto de Katmandú, donde los parlantes anunciaban – uno tras otro – la demora o cancelación de todos los vuelos con destino a Delhi.

Suspiré.

Si perdía mi vuelo a Delhi, perdía mi conexión a Bangalore. Si perdía mi conexión a Bangalore, perdía mi regreso a Buenos Aires.

Suspiré otra vez.

Tras varias horas de demora, anunciaron mi vuelo y partí rumbo a Delhi. Al llegar, me indicaron que me re-ubicarían en el siguiente vuelo a Bangalore. Tenía 30 minutos para hacer el check in, despachar y correr hasta mi puerta, y tenia adelante mío una fila de pasajeros que como yo, habían perdido su conexión y se amontonaban ahora frente al mostrador en el intento desesperado de obtener un asiento.

Cuando llegó mi turno se me coló una familia entera, y entendí que estaba por perder mi vuelo a Buenos Aires. Fue en ese segundo que separa la calma de la desesperación que decidí que no correría. Que pasara lo que pasara, no correría.

Finalmente me entregaron mi tarjeta de embarque y me dirigí hacia la puerta. Me quedó la fotografía mental de ver hombres y mujeres ganándome la carrera hacia la zona de embarque.

No correría.

Una vez en la puerta, entregué mi boarding pass y sonó una alarma. En un inglés con fuerte acento indio, la azafata me indicó que mi asiento había sido ocupado. No me dio tiempo a reaccionar que me dijo que me otorgaban un upgrade a primera.

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Hay batallas perdidas que cotizan mejor que la victoria, y adversidades en la vida que son como un upgrade a primera.

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Domingo, 6:00 am

Alguien me dijo alguna vez que la vida externa siempre demanda, pero la vida interna no. Que si llegás tarde al trabajo alguien te lo reclama, pero si no te levantás a tiempo para  hacer tu práctica, no pasa nada.

Bueno, nada no. Sólo que la vida interna se apaga en silencio.

Independientemente del camino que elijas, buscá ese espacio. Buscá ese tiempo a solas para conectarte con vos mismo, para tocar tu propio centro, para encontrar esa quietud.

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Kukkutasana

 

Desmitificar

Existe en el imaginario colectivo la idea de que «un viaje espiritual» es un viaje de bienaventuranza y paz, muy a pesar de que la mayor parte de las escrituras de carácter religioso o espiritual describen el camino como «la noche oscura del alma», o como un «escabroso y empinado sendero», por citar algunos ejemplos cristianos y budistas.

Durante mis días en India, noté que a la entrada de todos los templos (ya fueran mezquitas, templos jainistas, hinduistas o sikh) existe siempre una fuente de agua en la cuál deben lavarse los pies todos los que entran. En otras palabras, el primer paso en esta búsqueda (ya sea que busquemos Paz, Amor, Autoconocimiento, o a Dios) es invariablemente –limpiarse.

Y lo primero que ocurre es que somatizamos, porque la limpieza interior siempre es física, mental y emocional. Todo junto y todo al mismo tiempo. Cuando uno empieza a meditar, lo primero que aparece es la queja del cuerpo; por todo lo que acumulamos en él con el paso del tiempo. Cuando el cuerpo se calma, empieza a salir a la superficie todo lo que escondimos debajo de la alfombra del subconsciente. Se remueven miedos, angustias y dolores. Pero una vez que sale todo y uno es capaz de perdonar y perdonarse, ocurre un proceso alquímico. Dependiendo de cada persona, puede ser que le sea dado espiar por la ranura de la puerta del paraíso, o puede ser que obtenga las llaves que abren sus puertas de par en par. En cualquier caso, la Paz que se experimenta es el dulce fruto de un trabajo arduo.

Y esta es la paradoja de la búsqueda espiritual.

Mejor andar con zapatos

Fue larga la serie de acontecimientos afortunados que me llevaron a un retiro de meditación Vipassana en los valles de Katmandú. ¿Por qué dejar el paraíso de las playas de Varkala, dejar los amigos, que eran como mi familia en India, y dejar otra vez mi trabajo?

Porque sonó la hora. Y cuando uno escucha claramente que llegó el tiempo, se entrega y baila con la melodía que suena. Baila comprendiendo que nadie –o muy pocos– pueden escucharla. Y así como no es posible probar la existencia de una partitura invisible escrita para nosotros, tampoco es posible negar la naturaleza cambiante e impermanente de todo. Al menos eso está escrito en el reverso de todas las cosas.

Si las leyes de la naturaleza aplican para todos por igual, podríamos inferir que así como los primeros brotes anuncian la primavera que se aproxima, así también todas las situaciones de la vida deberían tener una señal que anuncia el cambio. Pero para identificar las señales del tiempo en la propia vida, se requiere una buena dosis de aceptación. El desapego no es apatía ni falta de amor; es el arte de reconocer y aceptar con ecuanimidad las distintas estaciones de la vida. Y esto es Vipassana.

Vipassana es el arte de desarrollar en uno una visión objetiva y una actitud ecuánime ante la vida. O para decirlo en las palabras del Maestro S. N. Goenka:

“¿Para qué molestarse en forrar el mundo entero en cuero? Mejor ponte zapatos y corre si quieres”.